-Todos sabemos o creemos saber lo que es
violencia; al menos en su forma física (la más grave e inmediata) no hay duda
cuando se la contempla; es la vieja historia bíblica de Caín y Abel con una
quijada por en medio. Hay más dudas cuando profundizamos en el significado y se
le empiezan a poner apellidos (de género, sexual, verbal etc…) Me tocó vivir
algo de eso en los años de plomo del país vasco, cuando entraba en un bar de
barrio a tomarme algo y se hacía un incómodo silencio en las conversaciones.
Nadie conocía a ese muchacho de veintitantos, que era yo por entonces, y todo
el bar fingía ignorarte mientras se ponían a ver la tele y notabas que después de
pagar y mientras salías, se reanudaban las conversaciones. Eso era la antesala
de la violencia, y aunque yo aún no lo sabía, lo intuía. Violencia es también que
dejen de hablarte tus parientes abertzales simplemente por intentar discutir su
postura con ellos (me pasó) Violencia es también el infame brazalete que tenían
que llevar los judíos en la Alemania nazi. La violencia se recicla y moderniza
y como hoy resultaría intolerable obligar a nadie a llevar un distintivo
discriminatorio o infamante se le da la vuelta al asunto y el brazalete se lo
ponen los verdugos en vez de las víctimas para así reconocerse. El brazalete es el lazo amarillo o
la bandera; se crea un señalamiento inverso y el sospechoso pasa a ser el que
no lleva tatuado el número de la bestia (por seguir con la Biblia) eso, también
es violencia. Porque es violento tener que camuflarse detrás de un símbolo, detrás
de una pegatina, detrás de un pin para poder salir tranquilo a la calle. Es
violencia enmascarada y quizá tan grave como la otra, aunque esta no tenga
consecuencias penales; y lo es porque violentas son las miradas de quienes se cruzan
contigo por la calle y escrutan tu figura en rápido escaneo a ver si eres de
los suyos. ¿Qué podemos hacer la gente como yo? Sin símbolos, sin banderas detrás
de las que escondernos estamos a la intemperie. Bien, no me quejo de eso; he
sido siempre el garbanzo negro y por eso me han echado de todos los cocidos,
porque nunca me he prestado a servir de alimento a la bestia. Pero quizá va
siendo hora de que los que no llevamos tamponada nuestra filiación política (o
sexual o religiosa, tanto da) empecemos a reconocernos por la calle. Yo, ya he
empezado a fijarme en que los que no llevamos la marca de Caín y somos más; un
recuento somero y objetivo en cualquier paseo me lo confirma, y yo ya he
empezado a saludar por la calle a gente que no conozco salvo porque; como yo,
no llevan etiqueta. Ya lo saben, no teman pasar por locos (¿quién no lo está un
poco en este mundo?) Cuando vean a alguien sin marcas salúdenle con cariño; en
ese principio de reconocimiento puede estar el principio de la solución. ¿No dicen
que la democracia es el gobierno de la mayoría? Pues resulta que somos más.
Una sombra tan solo seras
domingo, 20 de octubre de 2019
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LA SONRISA DE PRAXEDES La verdad es lo que es, Y sigue siendo verdad Aunque se piense al revés. (A. Machado) ...
Si lo que buscan los catalanes es que nos hartemos de la situación y los dejemos marchar por no soportarlos, conmigo ya casi lo estan consiguiendo.
ResponderEliminarYa lo han conseguido con casi todo el mundo. Pero les falta hartar a los otros catalanes. Yo creo que eso es lo que mas les jode, no poder convencer a la otra mitad (o mas)
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