-Desde el otro lado del atlántico nos llega el
remedio a nuestra soledad, que como todo lo que llega de ultramar es exótico y
caro. De hacer amigos a través de una aplicación telefónica hemos llegado (en
un proceso lógico) a pagar por tener un amigo. Las tarifas son módicas para los
tiempos que corren 40 maravedises por una hora de paseo o 15 por unos abrazos.
Seguramente el servicio lo usa gente que gana dinero bastante para alquilar a
un prójimo gracias a que tiene un ritmo de trabajo que no le permite
relacionarse con nadie; así son las paradojas modernas. He estado investigando
un poco y la verdad es que podrías ligar con tu pareja a través de una aplicación, después la relación seguiría con
diversas apps de comunicación y después podríamos casarnos con otra app que se
ocupa de todo y más tarde hay otra para adoptar niños o contratar vientres de
alquiler y así llegaríamos a formar una familia virtual en la cual sus miembros
no tendrían por qué contactar físicamente y hasta habrá ofertas para comer en
familia cada uno en su casa que ya te lleva la comida alguna aplicación y luego
con otra, pagas a medias entre los dos. Siempre han existido relaciones,
amistades y matrimonios por interés, pero había que dar la cara ósea algo más que una foto; parece que
ahora ni eso es necesario ya que hay unos programas cojonudos de realidad
virtual con los que te pones la cara, la edad y el sexo que quieres y se podría
producir la circunstancia de que entusiasmados dos jóvenes de 30 años queden
para verse físicamente y aparezcan a la cita dos maduritos de 60 (la realidad
copia a los chistes). Es lugar común al llegar a cierta edad comenzar a
quejarse de las costumbres de los más jóvenes; y ya se encontró una tablilla
sumeria de hace unos 3000 años donde se decía que; los jóvenes se emborrachan, llegan tarde a casa y ya no respetan ni a
sus padres ni a la autoridad por lo que estábamos cerca del fin del mundo.
Este ingenuo escriba que ya no es ni polvo, se espantaría de estos extremos a
los que hemos llegado, igual que le daría un patatús verlo a mi padre o a mi
abuelo mucho más cercanos en el tiempo. Efectivamente algo está cambiando definitivamente
las relaciones humanas, algo que no se ha dado en siglos de historia y es que
no tengamos tiempo para las relaciones humanas desde que andamos con el maldito
móvil. Claro que de eso mismo (de no tener tiempo, del vértigo, de la prisa) se
quejaba un romano hace unos 2000 años cuando se pusieron de moda los relojes de
sol (que hasta entonces eran cosa de geómetras e inventores) y todo el mundo empezó
a quedar a una hora determinada. Quiere decirse con esto, que confío en que el ser humano saldrá de ésta como hemos
ido saliendo de todas. No obstante todo tiene un final (nos lo dice el reloj) y
quizá esta vez sí estemos llegando a él, sincronicemos nuestros relojes
(siempre quise decir esa frase) y prepárense para el futuro que se avecina solitario y caro.
Una sombra tan solo seras
miércoles, 28 de agosto de 2019
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