Una sombra tan solo seras

domingo, 21 de julio de 2019

Pereza




.El resurgir del fascismo es un hecho innegable y habrá que empezar por reconocerlo si queremos combatirlo. Bolsonaro, Putin, Trump, Maduro, Salvini… y vayan sumando, no van a desaparecer por más que les apuntemos con el dedo y denunciemos constantemente sus trapacerías. Son un síntoma de lo que hay. Las elites de derechas han hecho una contrarrevolución contra las masas, aupados por los mismos que esclavizan, y van ganando. Este supuesto no lo contemplo Marx; (ni Karl ni Groucho) aunque este último anticipó algunos de los rasgos de estas nuevas elites cuando actuó de presidente de Libertonia en Sopa de Ganso, ya se ha visto que les da igual mentir y que se lo reprochen, ya se ve todos los días que la realidad ni les estorba ni les empacha; directamente pasan sobre ella como una apisonadora. En todos ellos se ven las ganas de sucederse a sí mismos (o ellos o el diluvio). La humanidad, en fin, no ha aprendido nada de las dictaduras del pasado, y ahora encima están/estamos más inermes ante el poder. Vivimos vigilados y siempre al borde de la precariedad económica, con unos sueldos diseñados para no llegar a fin de mes pero sin caer en la pobreza (que no interesa porque no produce) la solución de Marx (Groucho) consistía en ir pidiendo dos huevos duros hasta que no se cupiera en el camarote y hubiese huevos para todos; la de Karl en crear un par de comités dentro del camarote para repartir los huevos. Las dos acaban de la misma manera, amontonados en el pasillo todos los marxistas, pero no es el marxismo ni tampoco el fascismo; es el mercado, se termina la película y nos quedamos sin saber quién se ha comido los huevos aunque siempre sepamos quién los ha pagado. El fascismo moderno se ha deshecho de la estética escuadrista que ya no se lleva, pero el resto es la vieja canción de siempre; intolerancia, xenofobia, autoritarismo, desprecio del derecho, odio a lo diferente, corrupción económica. Son canciones que aquí tuvimos que entonar no hace tanto como para no acordarnos; y aquí estamos, intentando barrer otra vez la caspa imperial que pensábamos que se había ido por el desagüe de la historia, pero con 40 tacos más ¡Joder que pereza!

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