-Europa nos prohíbe la jaula del canario; la
práctica del silvestrismo (la caza de 6 especies de pájaros salvajes que trinan
mejor que los criados en cautividad). A mí, que me repele el moderno buenismo
animalista, confieso que cada vez que veo un pájaro en una jaula me entran
ganas de soltarlo. Un pájaro que no puede volar es una aberración de la
naturaleza y a mí me da, además, una congoja inexplicable y unas ganas de
ejercer de Robín Hood, irresistibles ganas de soltar un preso (cual si fuese el Gobierno por semana santa) por eso procuro evitar las casas con
jaula del canario, que solo me son agradables en los recuerdos de una infancia
donde no solía faltar la jaula encima de la mesa camilla, al lado de la maceta
de geranios y la persiana verde a medio enrollar. Quédense pues en el recuerdo
y en la memoria esos trinos cautivos aunque, como siempre, se van a ir al
archivo de nuestra memoria por la amenaza de multa de Bruselas. Como esto es
España Vox y PP, en Andalucía, incitan a pedir nuevos permisos y se va a instar
al Ministerio de Transición Ecológica a que defienda esta modalidad cinegética
ante Europa. Ahora por fin me entero de para qué sirve este ministerio. En fin,
que me alegro por los pájaros y lo siento por esos 40.000 españoles que han
quedado en la ilegalidad; pero el que quiera saber de verdad lo que es el canto
de un ave que vaya (aun de noche) a un jardín o algún lugar donde aniden
ruiseñores. No hay nada más bello que escuchar esos trinos nocturnos y misteriosos a la luz de la luna. Mientras, me gustaría abrir esas jaulas y
dejar dentro una pajarita de papel como acto poético. No sería una mala performance, que trinen al aire y al
sol; total para trinar cautivo basta y sobra con el nuestro, con el de este
país que está que trina (no se olvide que el trino es un canto de desafío del macho a posibles
competidores, a más de reclamo de la hembra) y aquí, unos trinan y otros
estamos que trinamos; que no es exactamente lo mismo, pero todos creemos saber
quién tiene la cabeza a pájaros y a lo mejor es la nuestra. Me despido con el
romancero.
Que por mayo era por mayo, / cuando hace la
calor,
cuando
los trigos encañan / y están los campos
en flor;
cuando
canta la calandria / y responde el
ruiseñor;
cuando
los enamorados / van a servir al amor;
sino yo,
triste, cuitado, / que vivo en esta prisión,
que ni
sé cuándo es de día, / ni cuándo las
noches son,
sino por una avecilla / que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero; / déle Dios mal
galardón.
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