Es esta, de sacar a pasear el santo, costumbre recia e hispana donde las haya. Allí
en la remota antigüedad encima de las andas solía ir un falo bien tieso, untado de manteca, miel y otras varias
substancias a manera de ofrendas, no como lubricantes (quiero suponer, dados
los tamaños). Hogaño, tenemos vírgenes cubiertas de una suerte de capote de torero de
éxito, con cristales Swarovski como para
flipar a un rapero de Harlem; y cristos
varios en todas las fases de la agonía. Debajo, como siempre, el pueblo llano
sosteniendo lo de arriba; unos por fe y otros por dinero. Cuando no hay ni
cofrades ni dineros se sustituyen por unas ruedas de goma y/o unas saetas y
palante.
Los que no somos cofrades de nada o tenemos la
fe en otro sitio; p.ej. en la clínica o en la oficina de objetos perdidos; debemos
aguantarnos diz que por el procomún y por esa cosa tan provechosa del turismo. Eso que descubrieron al alimón
Fraga Iribarne y Paco Martínez Soria para regocijo del guiri y alivio del
bolsillo nacional. Aquí en La Rioja, además tenemos la cosa telúrica de los “picaos”
que ya dejó traumatizados a Verhaeren y Regoyos en su “Viaje a la España Negra” y
del que este último hizo un grabado al boj espectral.
En fin. Como homenaje a esa España laica (que
también existe) y por terminar con un
dulce. Les dejo el final de unos versos de “Manolito el pollero” poeta de
gracia sin par; a los que les puso música, con mucho éxito, un amigo que estará
leyendo esto.
-y, ¡toma!, más
procesión,
Y otro paso y otro
envite
Y el asunto se
repite,
Si no hay lluvia
que lo evite,
hasta que dios
resucite.
Y, ¡qué tonos!,
La semana esta de
monos.
Y, va que arde, de
cera
litúrgica, la
carrera;
la de Cristo nos
espera:
muchos,
muchos,
muchos,
muchos
¡¡cucuruchos!!
Léase con fondo
musical de “Carmen, Jesús e Iñaki”
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