Una sombra tan solo seras

miércoles, 15 de mayo de 2019

Pajaritos por aquí, pajaritos por allá (16/5/19)




Llega el buen tiempo, y hasta mi balcón se acercan unos alegres gorriones, les hecho unas migas de pan que cogen al vuelo y se pierden ágiles en el cielo. Me quedo pensando en los que vienen a pedir el voto y no se conforman con  migajas. Son unos pájaros que también trinan con desparpajo, sobrevolándome, pero estos se me  llevan la barra de pan (y eso que no les cabe en el nido). Luego, con su maravilloso trino me dirán que algo hay que meter en el pan

-- ¿O pretendes que solo comamos pan? Roñica miserable.

Me trinaran acerca de sus polluelos, hambrientos ellos; con una boca casi tan grande como su cuerpecillo, insaciables hasta que crezcan (y después más). Ya se me llevaron la lana del colchón para hacer el nido más confortable; sé que no basta, que se han comido todos los insectos menos las moscas cojoneras, y en pro de la ecología debo hurgar en la panera en busca de los últimos residuos; pues mi alma es pura y franciscana y hay que atender al hermano pájaro y la hermana mosca. Migraran en bandadas desde lejanas tierras (que son estas mismas pero sin poesía) y volverán sus nidos a colgar en las fachadas de ayuntamientos y comunidades. Lo comprendo, mi casa es demasiado modesta y además la han dejado pintada y no vacía. Comprendo el ciclo vital. Me comerán los gusanitos de los que se alimentarán los pajaritos; mi alma se humilla anonadada ante el grandioso espectáculo de la naturaleza. Que anida en las rotondas, que se caga con frescura en las estatuas de los próceres, que roza con su leve ala los cristales de polideportivos vacíos, que salta con sus diminutas patitas sobre los inoxidables tejados de los cientos de centros de interpretación de………. (Rellenen Vds. El espacio) ¡Ahhh! Las avecillas canoras y volanderas. Si el señor (en su inmensa sabiduría) no permite que una sola de sus criaturas pase hambre, ¿Quién soy yo para enmendarle la plana? Nadie. Y como nada soy y nada valgo en mi humildad de fraile mendicante. Cojo la escopeta del 12 y termino este bello artículo en medio de una nube de tiernas plumillas evanescentes, alguna de las cuales cae, dulcemente, sobre el hombro de mi raído hábito de “il poverello de Asís” ¡Ahhh!, ¡Cuánta belleza! Y que poca munición.

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