-Estoy un poco harto de ser radical ¿Pero qué
se puede hacer en un país y en un tiempo donde todo el mundo ignora qué cosa
sean las raíces? Hay que ejercer de profe y además sabiendo que no te van a
hacer caso. Hace unos pocos cientos de miles de años nos bajamos de los árboles
y al comprobar que aún no había Mercadona y que no llevábamos suelto por
carecer de bolsillos, empezamos a comernos a otros animales. Hay una beocia
tendencia humana (el animalismo) que nos está diciendo que estaríamos mejor
entre las ramas. Es posible; pero también es muy posible que de haber sucedido
este quiebro evolutivo serían las cucarachas las que llevarían corbata, e irían
con el reloj pegado al culo a comprar en los lineales chuletas de varón
caucásico o manitas de subsahariano. A partir de aquí la teoría empieza a molar
menos ¿A que si? La naturaleza no es moral, ni por tanto puede ser inmoral.
Está más allá de estas convenciones humanas. Del hecho indudable de que no se pueda maltratar a un animal (creo
que estaremos todos de acuerdo en ello) hemos pasado a que los animales sean
tratados como personas… y las personas como animales. Churchill dijo de la ley
seca “que era una afrenta a la historia
de la humanidad” de esta situación
diría lo mismo. En efecto no se trataba de que los que quisieran dejasen de
beber (eso está al alcance de cualquiera) se trataba de que nadie, pudiese beber, (o en el presente
comer carne). Aquí es donde enlazamos con las religiones que se basan en que
los demás cumplan (quieras o no) con las fantasías de los conversos. No entra
en su cabeza que los animales, por carecer de deberes, no pueden tener
derechos. De ahí no se sigue que podamos hacer lo que nos dé la gana con un
bicho; pero no están los tiempos ni algunas mentes para sutilezas. La proteína
animal hizo crecer nuestros cerebros, y hoy algunos cerebros están intentando
invertir el proceso (es encomiable). Cuando solo les quede el cerebro
reptiliano los soltaremos en alguna reserva de la biosfera e iremos los
domingos a echarles cacahuetes y plátanos y a reírnos de la teoría de Darwin
(como si estuviésemos en una universidad americana, vamos). Casi todos hemos
tenido en casa un perro o un gato o un cuñado omnívoro o una suegra ictiófaga y
sabemos de qué estoy hablando. Puede que el cuñado fuese un infiltrado puesto
que se comía el solomillo y nos dejaba la lechuga. Y desde luego la suegra era no sostenible (devoraba más pescadillas
que una manada de delfines). Severo Ochoa dejó escrito que hay que comer de
todo. Pero vaya Ud. Con una tontada como un premio Nobel a convencer a esta
gente. Un converso es inasequible al desaliento y a la razón; O sea que lo
mejor que se puede hacer es soltar al cuñado con un collar antiparasitario y
esperar que la naturaleza siga su curso (la suegra a estas alturas del artículo
se habrá extinguido por acumular en sus tejidos blandos más mercurio que un
termómetro). A nosotros ya nos está vetada la entrada al paraíso; por lo menos
que se salven ellos.
Una sombra tan solo seras
martes, 21 de mayo de 2019
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