Una sombra tan solo seras

viernes, 17 de mayo de 2019

¡Ay Federico!




-Han detenido a Josu Ternera; me alegro. Se acabaron los etarras que iban por el monte solos, están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo (ojala) En todo hay poesía. Sobre todo en un final. Aunque para las víctimas no hay poesía, sólo amargura. Alguien ha apuntado (¡joder qué verbos me salen!) que pudo haber sido hace 17 años. Pero de eso no tiene la culpa él, (la misión de un criminal es huir, la de un preso fugarse y la de la pasma evitar ambos extremos. Así es el juego). Pero la culpa desde luego no es de la policía que como el criminal cumplió su papel y lo hizo bien. Pero alguien lo metió en la comisión de derechos humanos del parlamento vasco (a lo peor, por ser especialista en vulnerarlos) y alguien no hizo bien lo suyo si se pudo escapar. Lo demás es incendio y tristeza y vidas que no volverán. Hay gente que sigue matando por cosas, sin querer darse cuenta que la muerte nos alcanzará  a todos y no hay que meterle prisa. El sufrimiento nunca sirvió de nada, ni el odio, ni el tardío arrepentimiento. Siguen a lo suyo bailando aurreskus cuando llegan al pueblo. Ya no hay muertos; me alegro. Pero siguen agitando el nogal y las nueces las cogen los mismos. Las nueces negras y huecas de los muertos; las cáscaras vacías, llenas de un polvillo negro que al partirlas te hacen llorar, a algunos. Otros no lloran porque tienen de plomo las calaveras (y esta vez no es la guardia civil, Federico). Por más que lo intento con estos mimbres no se puede hacer poesía. Solo los versos de un muerto podían ir aquí. Desde que el mundo es mundo mueren cuatro romanos y cinco cartagineses. A muchos se nos queda cara de cartagineses, de víctimas, de nada.

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