Tal parece ser hoy día el grito de muchos
políticos de derechas que no han hecho ni la mili. En efecto este cuerpo (La
Legión, no el mío) desde su creación ha arrastrado muchos clichés ayudada por
su creador que redondeó su imagen en Salamanca con Unamuno y desde entonces se
la apropió la derecha, que tiene mucha costumbre de quedarse con lo que no es
suyo. No hay que olvidar, en efecto, que a pesar de la férrea disciplina
militar nació como un refugio de desclasados, canallas, poetas y asesinos. Lo
cuenta muy bien otro olvidado Luys Santa Marina (un camisa vieja, amigo de Max
Aub hasta su muerte) en su libro “Tras el águila del César” que fue secuestrado
por Franco y que si hoy se reeditase tendría el curioso honor de ser censurado
por una democracia además de por una
dictadura.
Pero
quería hablar especialmente de ese momento culmen de la derecha
española; ya saben ministros y ministras cantando a voz en cuello “El novio de
la muerte”. A mí que la he tenido que cantar por necesidades del guión (Fui
legionario y hasta, mea culpa, me lo pase bien) la verdad es que me toca los
cojones ver a tanto sinsustancia que de la mili solo se saben el ¡Cuerpo a
tierra! voceando, sin saber siquiera que el himno de La Legión no es ese; sino
“La Canción del Legionario” que nos gustaba más a la tropa y se notaba cuando
llegábamos a la estrofa: “Cada uno será lo quiera, nada importa su vida
anterior” y el “nadie aspira a saber quién soy yo” Ya saben, ese anhelo tan
humano de empezar desde cero, desde el anonimato.
Sin
embargo aquí estamos; en un momento y en lugar donde lo único que importa es
precisamente “su vida anterior” lo más valorado de un político, o de
cualquiera, es que no tenga un pasado… al menos rastreable. Y así nos va a todos.
Gentes con un pasado imposible de olvidar entonando melodías castrenses
perfectamente olvidables. Si Vds. conocen algún político de tendencias
derechistas (o izquierdistas, que ahí cabemos todos) que tenga ensueños líricos
por semana santa tengan paciencia con él, consuélenlo, enjuguen sus lágrimas y ayúdenlo
a dirigirse al banderín de enganche más próximo donde podrá satisfacer, a
placer, sus tendencias canoras y sus ganas de servir a España. Y además
comparando sueldos, sale ganando el contribuyente.
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